Los escritores usamos la escritura como terapia.

Como escritores, somos conscientes de que a veces escribimos sobre cosas que ignoramos. Cosas que, en determinados momentos, necesitamos sacar de encima. Bien sea por estrés, por mal humor, por tristeza, por alegría..., o por cualquier otro sentimiento y/o emoción. No porque sintamos deseos de plasmar en la hoja de papel un determinado día, momento, conversación o persona por el simple hecho de no olvidarla; sino porque, en resumidas cuentas, es nuestra forma de sacar de dentro aquello que perturba nuestra paz.

Ese momento en el que no estás para el mundo, y sólo quieres aislarte hasta que se te pase.

Siempre he creído, como escritora, que al plasmar algunas cosas en un papel sanamos heridos y recuerdos que, probablemente, no sabríamos alejar de otro modo. Porque escribir es una terapia muy efectiva. Convierte nuestros demonios en caricaturas que ya no dan miedo, y borran las inquietudes dando mayor vida a otros personajes que, quizás, en otra época, en otro momento, no se perfilarían tan bien.

Ojalá pudiéramos hacer lo mismo con el cerebro de algunas personas. Para entenderlos mejor.

¿Cuántas veces os ha pasado que tenéis un buen día y nada es lo suficientemente bueno como para desestresaros? ¿O en cuántas ocasiones habéis discutido con alguien, sea conocido o no, y os habéis quedado con algunas cosas en la punta de la lengua que, por los motivos que sean, no lo pudiste decir? ¿Y las veces en que os han tratado injustamente y no os han dado la opción de ser escuchados para defenderos? ¿O, simplemente, cuando alguien te hace algo y necesitas soltar tu frustración o tu enfado? Podríamos hacer yoga, ver una película/serie, escuchar música, salir a pasear, etc. Pero no es lo mismo que volcar todo eso en el papel. No punto por punto, fiel a lo ocurrido; sino algo referente a eso que aún está clavado en tu mente y necesitas sacar de inmediato.

También sería una buena forma de sacar la frustración de dentro: hacer muecas feas para las situaciones y experiencias feas.

Escribir no es sólo contar una historia. También significa crear unos personajes lo más reales posibles, y para ello, deben ser humanos. Y no hay nada más humano que los sentimientos. Sobre todo cuando el lector pueda sentirse identificado con alguno de los dos lados.

El lector debería poder quedarse así de fascinado.

Y tener cuidado de que los implicados nunca sepan que ellos inspiraron eso. Porque si supieran la verdad, tal vez su reacción sería...

"¿Pero ese no soy yo el día que le dije...? ¡Oh, maldita sea, me veo como un idiota!"

No tiene nada de malo buscar una vía de escape en nuestros escritos. No significa que sólo el antagonista deba ser el culpable, quien se lleve la peor parte de una mala experiencia. La mejor forma de enriquecer a un personaje es dándole tantas sombras como luces tenga; de esa forma, siempre será "real" en la mente de más personas.

En la vida todo es mejor si conviertes lo malo en algo bonito.

Por eso, como escritora, siempre he preferido usar ese tipo de cosas para tratar temas en mis novelas que, probablemente, de otro modo, no aparecerían. Y como persona que lleva muchos años escribiendo, y que como todo el mundo, tiene épocas mejores y peores, puedo aseguraros que es un gran método. Alivia la mente, y por consiguiente, también el cuerpo. Ayuda, incluso, a ver algunos temas desde nuevas perspectivas. Porque los escritores tenemos la extraña manía de contar sobre nosotros sin hablar de nosotros. De contar más de lo que querríamos y de lo que sabemos. Y aunque nadie podrá descifrar qué es cierto y qué no, y qué proviene de ti y qué proviene del personaje, nos sentimos más seguros. Nuestros mejores y peores secretos siempre están a buen recaudo.

Cómo queda uno después de escribir y soltar todo aquello que nos hubiera gustado decir a voz en grito.

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8 Sombrereros

  1. Pues sí, yo también lo hago. Vamos, ahora con textos más breves que son simplemente para mí y me ayudan mucho pero hasta hace poco (ya no tanto) había empezando incluso con una novela. Y era, o lo hacía... o lo hacía.

    Siempre que puedo, recomiendo a una persona que escriba (si además sé que le gusta) o que haga lo que más le guste para relajarse/tranquilizarse/loquesea

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    1. Y me respongo, lo olvidaba: los textos de título de post y 1 comentario están en un gris tan clarito que casi no se ve :/

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  2. me gusta eso de las luces y sombras.
    lo terapéutica que puede resultar la escritura...

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  3. Y tanto que es terapéutica. En los momentos más difíciles de mi vida siempre me ayudó a salir a flote, me acompaña en alegrías y tristezas. Es una buena herramienta para tratar con la realidad. Pero sobre todo adoro crear mundos ^ ^

    ¡Me ha encantado la entrada!

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  4. Me ha encantado la entrada. Si es que la mayoría de los escritores somos unos jueces frustrados. Es una alegría saber que nuestro lector ha cerrado nuestro libro con una sonrisa, creyendo que el mundo puede ser un poco más justo después de un final feliz.

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  5. Sí, siempre a sido una buena técnica para relajarse, en especial cuando no tienes a alguien a quien contarle tus problemas, tienes la escritura como escape y me fascina eso.
    Besos.

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  6. Yo empecé a escribir por esto mismo.

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  7. Vaya, creía que había comentado en esta entrada porque me sentí la mar de identificada cuando la leí, pero ya veo que no :P

    No eres la única que utiliza la escritura como terapia. Yo he incluido algunas experiencias personales en algunas de mis historias, transmitiéndolas a través de los personajes, y no tengo reparo en hacerlo porque, como bien dices, el lector ignora hasta qué punto estás hablando de ti mismo y de tu propia experiencia; todo queda, digamos, "enmascarado" tras los personajes. En ese sentido, muchas veces la escritura me ha servido como terapia, como desahogo, como una manera de mostrar lo que siento sin dejar claro que soy yo la que lo siente, sino haciendo ver que es un personaje el que siente o piensa así. Y es en esas ocasiones cuando una mejor se siente, ya que saca todo lo malo que lleva dentro sin necesidad de tener que dar explicaciones, pues, al estar incluido en la trama de una historia, tiene lógica y sentido. Evidentemente, no todo lo que escribo se sustenta en desahogos personales: hay que saber encontrar el equilibrio para incluir ese desahogo dentro de una trama ya construida.

    Sigo muy pendiente de estas entradas tan interesantes que escribes :)

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