Ser escritor no es fácil.

Ser escritor no es fácil, y cualquiera que se dedique a ello nunca dirá lo contrario. Tenemos que enfrentarnos a los famosos bloqueos, a las críticas, a los días poco productivos, a los personajes rebeldes, a las piezas que no encajan, a la documentación, a la hoja en blanco... Y todo eso mientras lidiamos con nuestra vida privada: el trabajo, la familia, los amigos, los novios/as... Y las mascotas. ¡Que no te mientan, escribir no es fácil!


Muchas veces nos apetece desconectar, y decimos que vamos a "documentarnos", pero la realidad es que estamos escondiéndonos para leer la última novela de nuestro autor favorito sin que nadie nos moleste. Pero siempre, siempre, siempre hay alguien que descubre nuestro malvado plan.


¿Y qué me decís de cuando estáis esperando una crítica de los lectores cero y no son buenas noticias?


Cuando vas a una reunión de amigos, tú vas todo emocionado a ver si encuentras a alguien a quien enganchar a tu historia desde antes que esté publicada. Y siempre huyen de ti al grito de "¡No, otra vez la idea de los robots dinosaurios no!".


Siempre que quieres distraerte "10 minutos" en las redes sociales... se convierten en horas. Y de pronto la responsabilidad de escribir aparece detrás de ti, sorprendiéndote al grito de "¡Pero ya deja de ver fotos de hace tres veranos y ponte a escribir!".

Cuando vas a una reunión con más escritores nunca sabes cómo saludarlos o qué decirles, probablemente ni sepas qué demonios escriben.







Hasta que os hacéis amigos y vais de fiesta a la papelería a haceros con un cargamento de libretas y bolígrafos. Y de paso, a por un par de cafés, que todos sabemos que los escritores lo consumimos en cantidades industriales.


Cuando tu familia te pregunta qué estás escribiendo, y tú pones pose de reina y dices "El próximo bestseller".


A veces tenemos que esforzarnos porque nuestros protagonistas no caigan en ser una copia de otros maromos literarios. Nada le da más pánico a un escritorio que el hecho de que un protagonista de otra novela lo persiga día y noche.


Cuando vamos a una fiesta es probable que nos aburramos y terminemos pensando en nuestras novelas o futuras obras.


A veces queremos insistir en que somos escritores, y lo decimos de una manera que la gente nos mira como diciendo "Ya quítate la tontería de encima y compórtate como una persona normal".


También nos pasa que muchas veces no queremos apartarnos del ordenador y nuestra familia o amigos deben venir a hacernos reaccionar.


Nosotros no tomamos un café, nos bebemos la jarra entera.


Pero incluso con todo eso, somos los más felices escribiendo.

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1 Sombrereros

  1. Un gran artículo, preciosa! Y estoy muy de acuerdo con tus palabras!

    Y que nunca perdamos la felicidad al escribir ;-)

    Besitos!

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